¿Y si Internet dejase de funcionar?

¿Te imaginas que internet tal y como lo conocemos desapareciese completamente a día de hoy? ¿Que todo lo que habitualmente haces en la red, todos los usos que haces de ella, las búsquedas, el contacto con otras personas, etc. fuese imposible durante días y más días, sin ningún tipo de posibilidad de restablecerlo porque depende de una decisión gubernamental?

20 agosto 2019 |

¿Te imaginas que internet tal y como lo conocemos desapareciese completamente a día de hoy? ¿Que todo lo que habitualmente haces en la red, todos los usos que haces de ella, las búsquedas, el contacto con otras personas, etc. fuese imposible durante días y más días, sin ningún tipo de posibilidad de restablecerlo porque depende de una decisión gubernamental?

Así se encuentran en este momento y desde hace once días en Cachemira, una conflictiva región fronteriza entre India, Pakistán y China a la que el gobierno indio ha tomado la decisión de suspender la autonomía, pero además, ha bloqueado también completamente el acceso a internet, supuestamente para evitar la conflictividad. Hablamos de suspender el acceso a internet en una zona no especialmente rica, pero en la que se usaba de manera habitual para todo, merced a las políticas del gobierno de Narendra Modi que desde hace años ha promovido el uso de la red fundamentalmente a través de smartphones como forma de salir de la pobreza, incorporarse al mundo civilizado y participar en cuestiones como la bancarización mediante sistemas en la práctica obligatorios como Aadhaar.

En Cachemira, como en prácticamente toda India, el uso de internet es habitual, y de hecho, de esa incorporación de una parte muy grande de la población a su uso sin una educación previa han surgido múltiples cuestiones problemáticas, como la difusión de rumores y bulos que han llegado a provocar incluso linchamientos. En India, el país del mundo con mayor penetración de herramientas como WhatsApp, las personas se informan y se comunican fundamentalmente mediante mensajería instantánea a través de sus smartphones, los negocios piden mercancía y cobran mediante internet, las nóminas se cobran cuando las empresas lo comunican a los bancos mediante la red, y un larguísimo etcétera. No hablamos de un lugar subdesarrollado y perdido en el mundo, sino de un territorio en el que el uso de internet ya estaba plenamente imbricado en el día a día, donde su uso ya era habitual.

De repente, todo eso desaparece: tu smartphone, sin el que no salías de casa, es ahora un portapapeles que no te permite hacer prácticamente nada. Los bancos están cerrados porque no pueden funcionar, y el efectivo pasa a ser lo único que puedes usar en las cada vez menos transacciones económicas que tienen lugar, porque muchas tiendas, incluso farmacias, no pueden abastecerse. Hay muchas compañías que, simplemente, no pueden hacer nada ni funcionar de ninguna manera.

El gobierno indio ha recurrido a cierres de internet de manera cada vez más habitual a pesar de la recomendación de Naciones Unidas de no hacerlo porque supone el perjuicio de un derecho fundamental. Durante el año pasado, el acceso a internet se ha visto suspendido en 134 ocasiones en distintas regiones por motivos de todo tipo, generalmente relacionados con la difusión de rumores o el intento de mantener la estabilidad política. En algún caso, como el de la región de Darjeeling, el bloqueo se mantuvo durante cien días, y la región, conocida por la exportación de té, perdió muchísimos ingresos derivados del comercio internacional, mientras veía como muchos de sus clientes se buscaban otras fuentes de suministro.

Independientemente de la conflictividad de la región o de las motivaciones políticas del gobierno indio, la lectura del artículo del New York Times sobre el tema me ha resultado muy interesante. Hasta qué punto podríamos vivir sin acceso a internet si, de la noche a la mañana, desapareciese. Cuántas cosas que hoy consideramos completamente normales no podríamos hacer de ninguna manera, hasta qué punto la vida y la actividad normal se ve interrumpida. Según el diario norteamericano, la decisión de interrumpir el acceso a la red no tiene siquiera que servir para su propósito supuestamente principal, el de reducir la conflictividad: aburridos y sin mucho que hacer en sus casas, muchos jóvenes ahora deciden incorporarse a protestas y manifestaciones en la calle, aunque sean supuestamente más complicadas de coordinar. Al final, el responsable de tus males es ese gobierno que te quita internet, lo que lo convierte todavía más en una figura a la que es más fácil hacer objeto de tu odio.

Trata de planteártelo, porque la reflexión puede ser muy interesante: ¿cuánto de tu día a día habitual, de tus rutinas y de tu trabajo se vería alterado si internet dejase de funcionar completamente?